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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las empresas ¿Compromiso o “ODSwashing”?

En los últimos años han cobrado más fuerza y presencia del vocabulario colectivo palabras como sostenibilidad, finanzas sostenibles, resiliencia, transición ecológica y, entre ellos, Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero ¿a qué nos referimos con Objetivos de Desarrollo Sostenible, u ODS? ¿Los ODS se están integrando realmente en las organizaciones o son otra herramienta de marketing para ofrecer una imagen de organización responsable social y medioambientalmente?

Antes de discernir sobre el grado de compromiso de las organizaciones es importante entender y conocer qué son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Los ODS se desarrollan en 2015 como un conjunto de objetivos a nivel mundial que dan respuesta a los desafíos ambientales, sociales, políticos y económicos a los que se enfrenta el planeta, sustituyendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se han definido un total de 17 objetivos que agrupan un total de 169 metas a alcanzar en 2030 y que se podrían encuadrar en 3 grandes bloques: bloque social, económico y ambiental; separando de estos bloques al ODS17 “Alianzas para lograr los objetivos” al ser un objetivo transversal y necesario para conseguir los otros 16. 

Si bien los ODS tienen un alcance mundial, como se puede observar en el enfoque de las metas y los indicadores de seguimiento establecidos, que están relacionados con métricas y estadísticas nacionales, las acciones necesarias para cumplir con éstos deben realizarse a nivel empresarial. Es aquí donde las distintas organizaciones, desde la administración pública como los grupos empresariales, deben trabajar para contribuir en la consecución de los 17 ODS. Y es en este nivel donde podemos analizar cómo de integrados se encuentran los ODS dentro de las organizaciones.

Si analizáramos las distintas organizaciones de nuestro entorno podríamos observar que se avanza a distinta velocidad. Por un lado, los grandes grupos empresariales y empresas cotizadas han comenzado a integrar los ODS dentro de sus planes estratégicos. Esta tendencia se debe a mayores requerimientos de sus grupos de interés, principalmente inversores, y cambios en el marco económico actual como nuevos requerimientos regulatorios (directiva de reporte sobre información no financiera, reglamento sobre inversión sostenible, etc). Por otro lado, las Pymes y empresas con menor presencia internacional aún no han comenzado a integrar el concepto de sostenibilidad dentro de sus organizaciones debido principalmente a:

  • La falta de recursos para adaptarse a las nuevas tendencias y requerimientos del mercado.
  • Un desconocimiento por parte de la organización y/o falta de personal especializado.
  • Un modelo de negocio continuista basado en la “eficiencia operativa y financiera”, considerando los aspectos ambientales sociales y de gobernanza (aspectos ASG) como algo ajeno e inoperativo.

La ausencia de interés, unido a la falta de rigor y garantías, y al enfoque más “reputacional” empuja a las empresas a venderse como empresas sostenibles sin integrar realmente la sostenibilidad dentro de sus estrategias y valores. Es decir, se genera un “Greenwashing” o “ODSwashing”. Según el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) el 79% de las empresas analizadas reconocían la prioridad de los ODS, pero únicamente el 6% han alineado su estrategia y objetivos con los ODS específico, y aun menos han medido como contribuyen con éstos. Las organizaciones deben comenzar a preguntarse si realmente compensa este “ODSwashing”.

La respuesta es NO, por los siguientes motivos.

  • Primero, en los últimos años se ha generado una creciente tendencia por parte de los distintos grupos de interés, especialmente dentro de los fondos de inversión, a requerir información en materia de sostenibilidad fiable y transparente. Muestra de ello fue el mensaje de Larry D. Fink, CEO de BlackRock, en el que destaca “dado a los crecientes riesgos de inversión relativos a sostenibilidad, cuando las organizaciones no hayan progresado lo suficiente en el reporte de la información en sostenibilidad, ni se integren dentro de las prácticas y planes de la organización, nos inclinaremos a votar en contra de la administración y la junta directiva”. Es decir, Larry D. Fink pone de manifiesto que una mala gestión en materia de sostenibilidad generará, o puede producir, una pérdida de capital procedente de los fondos, y, por otro lado, una pérdida de credibilidad que puede conllevar a una crisis reputacional, y consecuentemente, una pérdida de beneficios.
  • Segundo, se ha observado, especialmente durante la crisis de la pandemia, que las empresas que han integrado la sostenibilidad dentro de sus planes y estrategias se han visto menos afectados por los efectos económicos de la crisis. Esto se debe a una mejor adaptación de la estructura y los sistemas que han facilitado la implantación eficaz y eficiente de medidas de respuesta. Por ejemplo, una mayor rapidez para implantar un modelo de teletrabajo, una mejor gestión en remoto, adaptación veloz a nuevas medidas de seguridad y salud, etc. Es decir, presentan una mayor resiliencia y una mejor capacidad de respuesta frente a la materialización de riesgos.
  • Tercero, los diferentes gobiernos y administraciones solicitan cada vez más requisitos en materia ASG para otorgar ayudas o financiación; así como se están desarrollando nuevas normativas en la materia, como la Ley de Transición Energética y Cambio Climático, a nivel nacional, o el Reglamento sobre las Inversiones Sostenibles, y una nueva Directiva en materia de Reporte de la Sostenibilidad, que impulsarán la necesidad de implantar y formalizar la “sostenibilidad” dentro de la organización.

En resumen, si bien los ODS han marcado un punto y seguido a los antiguos ODM, la realidad es que aún queda mucho camino por delante. Sin embargo, se ha observado un creciente interés por parte de inversores, administraciones, empresas y la sociedad en general en fomentar una economía más sostenible y justa. Esto nos hace pensar que es cuestión de tiempo que estas buenas prácticas vayan extendiéndose desde las grandes empresas a empresas de menor tamaño.

En próximos artículos describiremos las acciones y pasos que deberían considerarse a la hora de alinear las estrategias y planes de la organización con los ODS, y cómo se puede avanzar en su contribución a través de la Innovación Sostenible.

 

 

Javier Cavero

Javier Cavero

Product Manager del Departamento de RSC

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